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EL HASTA LUEGO A JUSTO VILLAR - UNA EMOCION INIGUALABLE Los que fuimos al partido con Gimnasia de Jujuy en el Parque, lo hacíamos sabiendo que íbamos a presenciar uno de los momentos más emotivos de los últimos años: la despedida de Villar, sobreviviente del campeón 2004. El encuentro que era importante porque nos alejaba definitivamente de la promoción, pasaba a un segundo plano. Se iba un hijo prodigo de La Lepra que aun no habiéndose iniciado en nuestras inferiores, supo conquistarnos como pocos.
Y fue fiesta nomàs. No por el desarrollo de los 90 minutos que por cierto fue malo sino por el tributo que se le prodigó al Uno. Las lagrimas del arquero de Ñubel se juntaron con las de los miles de hinchas que clamaron en agradecimiento por habernos dado tanto. Al gran Justo, el que vino sorpresivamente a Rosario cuando todos esperábamos a Luchetti, el arquero de Banfield. Que debutó con una derrota en el Coloso contra Vélez y a la otra fecha, en el vueltodromo, junto a Maidana con su gol, cimentaron lo que después fue la vuelta olímpica en Avellaneda.
A partir de ahí, el paraguayo se convirtió en idolo. Pero ídolo en serio, querido por todos aun cuando la racha era adversa. No vi nunca en tantos años de seguir a La Lepra , que a un jugador se lo ovacione en todos los partidos , al salir a la cancha, al entrar a jugar el segundo tiempo, al irse al vestuario. Unico,solo con él. Justo Villar entró en la misma galería donde habitan las figuras de Carrasco, el uruguayo que con su figura poco convencional fue determinante en la estrella del 74 y la del Gringo Scoponi, heroe de la batalla del 9 de julio de 1991 en la Bombonera y multicampeon rojinegro.Todos aunados por dos salientes virtudes: grandes jugadores, excelentes personas.
Pero todavía me esperaba una sorpresa. El sábado fui invitado a despedirlo en un almuerzo junto a un grupo de emocionados y comprometidos leprosos que quisieron agradecerle tantas alegrías, tanta grandeza. Y Justo nos honró con su presencia afirmando aun mas su don de gente. Porque en este periodo oscuro de la vida institucional del club, Villar supo andar su camino con dignidad. Aguantando situaciones que otro en su lugar-jugador de selección y codiciado por muchos equipos-no hubiera tolerado. Defendió hasta el ultimo día el arco rojinegro como si fuera su primera jornada.
Firmó autógrafos a mas no poder, posó ante decenas de cámaras y celulares, no dejó nunca de sonreír y agradecer tanto cariño. Saltò y cantó junto a todos con nuestro grito sagrado el que no salta es sin aliento y lloró como un pibe cuando en la pantalla mostraban su monumentales atajadas. Si hasta relató el penal atajado a los de Arroyito de tal manera que si alguien no lo conociera lo confundiría con un fanático leproso. Volviò a emocionarse de tal manera que nos llevó a nosotros también a las lagrimas cuando en un cerrado y emotivo aplauso se le entregó un presente con los saludos de los presentes y la remera símbolo de este momento-que se puso orgulloso- que identifica a los que pelean por la democracia en el club.
Fue una tarde esplendorosa. Pudimos estar con el ídolo, pudimos conocer de cerca al Justo señor, al jugador que dejó su impronta en la historia leprosa. Pero por sobre todas las cosas, pudimos encontrarnos con nosotros mismos, con la esencia rojinegra, con la dignidad que solo los hinchas e ídolos del club podemos disfrutar. Fue un hermoso e inolvidable encuentro, gracias al cielo por permitir que haya sido uno de los privilegiados. Cuando se retirò, lo despedimos con un deseo hecho cántico: … y ya lo ve,y ya lo vè,esta es tu casa, podes volver!. Y algún día lo hará pero a un club recuperado donde se reencontrará con la masa leprosa. Cuando llegue, una gran bandera en la puerta del Coloso lo recibirá con una leyenda que dirá: Bienvenido Justo a tu hogar, te estábamos esperando.
Roberto Benedetto
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