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EL CLASICO: Empate y oportunidad perdida
Después de la derrota ante Tigre en el Parque, llegaron los triunfos ante el devaluado River y el casi descendido Chacarita. No se había jugado del todo bien pero lo importante fue lograr seis puntos valiosos que nos posicionaron nuevamente en la Sudamericana y además levantaba el animo de todos para llegar bien parados al choque de Arroyito, al partido que todo hincha quiere ganar. La historia contemporánea, la que recordamos nítidamente sin tener que recurrir a Internet o enciclopedias, la que la nueva generación disfruta festivamente, dice que la mayor cantidad de partidos ganados en esta ultima era figura del lado leproso.
Por ello, como todos los años antes de cada clásico, la grey leprosa marchó al Marcelo Bielsa para celebrar el Banderazo, donde se le brinda apoyo al plantel cual dioses del Olimpo. Este encuentro, año tras año se supera a sí mismo y ha traspasado ya el ámbito futbolístico, se ha convertido en un rito al cual la familia leprosa dice presente y realimenta su pasión por Ñubel. En esos momentos no importa otra cosa, aislados del mundo exterior, cada hincha rememora su historia, recuerda a sus padres, hermanos, tios, que lo trajeron por primera vez a la cancha, se abraza con el que tiene al lado como si lo conociera de toda la vida, aplaude a los jugadores que representan los dioses terrenales que veneramos cuando entran al campo de juego. Es uno de los momentos mas sublimes que los leprosos vivimos ,es la confirmación periódica de que el corazón rojinegro late como siempre y la lealtad a Newell's está intacta.
Las expectativas eran mayores para que este clásico se ganara. No recuerdo haber presenciado alguna etapa-que incluye los últimos ocho partidos-donde la superioridad de los equipos de Newell´s haya sido tan marcada, restando solamente la impresentable presentación con Pumpido como DT, de visitante. Incluso cuando se perdió en el Parque con Marini en el banco, el rival era muy inferior al nuestro. Para esta oportunidad no había ninguna razón objetiva para que el resultado no fuera victoria para Ñubel, excepto una, la mas influyente : es un clásico y generalmente en él no importan los antecedentes ni las posiciones en la tabla.
Decia Jerome Salinger,escritor estadounidense "Soy un paranoico al reves. Sospecho que la gente está planeando para hacerme feliz". Cada vez que llega este partido, una sensación única invade mi cuerpo, voy a la cancha pensando que el equipo nos tiene preparada una gran sorpresa, que vamos a ganar, golear, humillar…Los nervios de la noche anterior, el apuro por llegar cuando antes al estadio, la vibración que vamos sintiendo a medida que nos incorporamos a la caravana que va marchando, todo es distinto, muy especial. Dijo una vez Gabriel García Márquez: "Tengo la impresión de que el mundo fue igual desde mi nacimiento hasta que los Beatles empezaron a cantar. Todo cambió entonces". Es lo mismo para esta ocasión, todos los partidos fueron y son importantes si juega Newell's pero a partir del primer clásico que hemos visto, todo fue distinto. Asi nos instalamos en Arroyito esperando el inicio del match.
Y empezó el derby con la sorpresa del local parado en campo leproso apurando el tramite hasta provocar un corner del cual vino el primer gol después de una falla de nuestra defensa. Todas las apreciaciones y palpitos que se habían trazado con anticipación, quedaron relagados. La conquista agrandó a los auriazules que tuvieron la oportunidad de aumentar de no ser por Peratta que lo impidió. No podíamos creer que el partido se estuviera dando de esta manera. Casi una contratransferencia como llamó Sigmund Freíd a la excesiva tendencia a considerar como propios los asuntos de los enfermos. Ñubel llegó al partido mucho mas aliviado y el desarrollo del encuentro lo mostraba en forma inversa.
Pero en una jugada de Sperdutti, de buen partido, Núñez se metió entre los centrales del rival y fue derribado, pitando el arbitro un penal que Schiavi transformó magistralmente en empate. Era el momento para la Lepra ya que los jugadores locales entraron en una desesperación transmitida por su gente. Pero hubo una decisión del arbitro que modificó nuevamente el andar del partido : las expulsiones de Paglialunga y Bernardi. Y cuando expiraba la etapa inicial en una incomprensible acción, Núñez también se fue anticipadamente al vestuario con una tarjeta roja. No pintaba bien para lo que faltaba, Ñubel no había realizado un buen partido hasta el momento y como agravante encararía el resto del mismo con nueve hombres.
Lo que se repitió como en los partidos anteriores, es la superioridad demostrada por la parcialidad rojinegra que nuevamente copó el ambiente y el aliento. Hubieron momentos en que no podía mas que observar absorto el contraste de cuatro mil personas haciéndose oír mas que el resto del estadio. Hay situaciones musicales en la vida que te quedan grabada para siempre, tanto en la retina como en el recuerdo de los acordes. Por ejemplo la versión que Jimi Hendrix hizo del himno yanqui en Woodstock imitando con su guitarra el sonido de las bombas que caían en Vietnam en esos días, impresionante, inolvidable. Pero no hay nada comparable al sonido de nuestra hinchada cantando en Arroyito, las voces se oyen distintas, los coros suenan afinados como nunca, los bombos retumban como si rebotaran en el Aconcagua y las ondas se esparcieran por todo el mundo.
Así comenzó la segunda etapa, con la gente de Newell's cantando y aguantando. No habían transcurrido cinco minutos cuando el partido quedó con nueve jugadores para los dos equipos y ahí nomás se terminó todo. Lo que vino fue un concierto de imprecisiones y pocas llegadas a los arcos, quizás valorando ambas partes la igualdad por como se había desarrollado la tarde. Nuevo empate con sabor agridulce para Newell'`s,porque perdió nuevamente la posibilidad de ganar ante un flojo rival, pero el punto le sirve para engrosar la tabla de la Sudamericana que deberá corroborar en los próximos partidos. Nuevamente la gente fue fiel exponente de la historia leprosa y se fue mascullando bronca por la ocasión desaprovechada porque "la oportunidades son como los amaneceres, si uno espera demasiado se las pierde" pero a la vez, sentí una rara sensación de alivio de no padecer el suplicio de mirar la tabla de los descensos que produce estragos muy difíciles de superar.
Roberto

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